La remarquable exposition « Rapt de rêve » d’Hayat nous propose un univers urbain dissimulé par d’immenses images publicitaires. Par moments, il est difficile de discerner si ce sont des vues d’architectures altérées par des images publicitaires ou bien des paysages buccoliques ou sous-marins envahis par des signes urbains ou la violence du langage des villes.
Hayat, en même temps qu’il fait un clin d’œil à son expérience de photographe publicitaire, propose un système critique et énigmatique d'un monde vidé de son contenu, férocement assiégé par la culture de la beauté formelle qu'il dissimule comme un linceul. C’est le constat d’une réalité cruelle et contradictoire. La perception de l’œil de cet artiste formé aux Beaux Arts, son professionnalisme en tant que publicitaire ainsi que son itinéraire personnel lui permettent de capturer et de restituer un monde d’images ambiguës et inquiétantes.
Dans « Rapt de Rêve », contrairement à ses autres oeuvres, les photographies n'ont pas été manipulées ni numériquement ni en laboratoire. Ce sont des prises de vue telles que sa chambre les a enregistrées. N’intervenant pas à posteriori sur la photographie, il aborde ainsi une position beaucoup plus frontale. Ce système procure un effet conceptuel puissant sur le regardeur. Les images alternent la géométrie urbaine et les supports publicitaires, avec les sinuosités et les ondulations sensuelles d'un monde hédonique et complexe. Les plis des toiles, de la peau, de l'eau, ce sont les plis de la matière mais aussi ceux de l'âme. Nous le constatons par exemple dans RAPT 11, où une version très contemporaine la « Piété » de Michel-Ange représente deux jeunes gens sensuels dans la position de Maríe et Jésus, habillés d’un rouge flamboyant. Dans cet ensemble, on ressent plus la paix postérieure à la passion que la douleur du fils mort, c’est un regard non de douleur ou de piété mais de désir. Mais la ville intervient, la paroi transpire une substance blanchâtre, puissante métaphore des fluides corporels.
Face à eux des visages féminins jeunes, lisses et opalescents (RAPT 13, RAPT 15) imposent leur présence. Un intrigant visage asiatique (RAPT 13) émerge de l’ombre évoquant un orient lointain et mystérieux, qui nous renvoie à une Europe en bout de course. La vision du spectateur face aux stickers, graffitis ou autres dégradations, intensifient encore le mystère de ces yeux, les fenêtres de l'âme sont impénétrables. Ce n’est pas un hasard si dans RAPT 15 nous découvrons une femme européenne, mannequin et belle, du sang coulant de ses yeux. Son regard a été attaqué.... l'Europe pleure des larmes de sang pour le rêve volé de l'utopie. La beauté ancestrale est vulnérable, elle est peut être blessée, amputée, dépouillée de ses organes vitaux. L'Europe voit par le biais de la beauté parfaite un monde de sang et de douleur.
Jésus-Dieu est un homme fait de chair, il a souffert le tourment, le désir, l’abandon, la solitude. Son corps fait l'objet d'une vénération dans notre culture, bien que tout corps soit a priori anoncé/denoncé comme honteux dans l’Evangile. Le torse de Jésus, et sa blessure latérale, d'où coule le sang qui donnera de la vie à l'homme nouveau, est une des icônes incontournable de toute la culture occidentale. Dans RAPT 20 ce thorax ambigu digne des canons de la Grèce ou de la Rome antiques, est la « cuirasse esthétique » que toute la chrétienté, depuis la Renaissance, s'est glorifiée de présenter à ses fidèles. La blessure du Christ, ce stigmate qui a mu 2000 ans de culture, est ici cachée par le reflet d’un panneau « sens interdit ». Comme si on empêchait à tout jamais le sang de nous régénérer et de nous renforcer en tant d’êtres humains, constat pénible d'une culture ancrée dans ses racines : nous ne mentionnons plus le sang du Christ, la publicité le remplace efficacement.
Le rêve a été « rapté ».
Par Enrique Badaró Nadal (commissaire de l'exposition) - Montevideo, septembre 2005
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La
excelente muestra "Rapt de rêve" de Yves Hayat nos propone
un paisaje urbano, intervenido u oculto por enormes y estéticas imágenes
publicitarias.
Por momentos, no podemos discernir si son las visiones de arquitecturas alteradas por fotos o paisajes bucólicos, subacuáticos o
personajes heridos por señalizaciones de tráfico o por la intervención
del violento lenguaje de las ciudades.
Yves Hayat juega, hace un guiño a su propio accionar
como fotógrafo publicitario, pero, al mismo tiempo, ofrece un sistema
crítico y críptico de un mundo vaciado de contenidos, ferozmente
asediado por la cultura de la belleza formal que oculta, como un sudario, las llagas de una realidad cruel y
contradictoria. Su perceptivo ojo de artista, formado en Bellas Artes,
su profesionalismo como publicista y su desarraigo y trashumancia personal
le permiten observar y devolver al mundo imágenes que provocan
ambiguas e inquietantes vivencias.
El público uruguayo sabrá generar vínculos con la
obra impecable de un creador múliple, sagaz, refinado y permanentemente "cuestionador".
« Rapt de rêve » se inserta en una secuencia de exhibiciones
no vistas en Montevideo.
Evoquemos, aunque sea fugazmente, elementos de algunas de sus muestras
anteriores : "Il y a une ombre au tableau", "Frère(s)",
"Terminus".
En las tres, la fotografía es la técnica utilizada, pero
Yves Hayat incide a posteriori sobre ella, la manipula, la trabaja, la enriquece con experiencias
técnicas que generan tensas metáforas. En algunos casos
juega con figuraciones impresas en superficies de acrílico transparente
que superpone dejando un intervalo de planos donde la luz juega, circula
entre las dos placas fotografiadas. La imagen se potencia : los obras
maestras del arte occidental son interferidas por los duros y lacerantes
registros fotográficos de una contemporaneidad dolorosa. El sufrimiento
cristiano se une al sufrimiento del hombre hoy y hace que el propio artista
se plantee ideológicamente : ¿que hay de nuevo? (quoi de
neuf?).
En otra serie como "Terminus" Yves Hayat hace dialogar con precisión
tanática los fragmentos de automóviles accidentados o en desuso, con visiones de cementerios, de lápidas, de ornamentación funeraria :
así un neumático genera un ritmo visual con una corona de flores de bronce, el pestillo
de una puerta tiene como contrapunto un antiguo crucifijo deteriorado.
En todas sus muestras, se percibe el compromiso de su tiempo, inteligentemente
articulado, con la narrativa de la historia del arte (en particular, su
pasión por la iconografía cristiana). La sensibilidad visual
de este artista nacido en Egipto y formado en Francia oscila siempre entre
lo descarnado y la más absoluta seducción visual.
A diferencia de sus otras exposiciones, en ésta, "Rapt de
Rêve", las obras no han sido manipuladas ni digitalmente ni
en laboratorio. Son las tomas tal como su cámara las registró.
Esto, relacionado con la metodología de sus anteriores muestras,
le da una contundencia conceptual enorme.
En "Rapt de rêve" no trabaja interviniendo a posteriori
la fotografia, genera una propuesta mucho mas frontal, el artista es un
seleccionador de arte. Su mirada no mitiga las evocaciones intensas del
expectador. Las imágenes alternan la geometrización urbana
y de los soportes publicitarios, con las sinuosidades, pliegues, ondulaciones
sensuales de un mundo hedónico y complejo. Los pliegues de las
telas, de la piel de los cuerpos, del agua, son los pliegues de la materia
pero también son los pliegues del alma.
Esos pliegues los percibimos por ejemplo en RAPT 11, en que una propuesta publicitaria, rapta, deglute sin tabúes la icónica "Piedad"
de Miguel Angel, devolviéndonos un par de glamorosos jóvenes
ocupando los lugares de María y Jesús, intensamente vestidos
de rojo. Conjunto en el cual se percibe más una paz posterior a la pasión que el dolor por el hijo muerto, la mirada
no es de dolor o piedad sino de deseo. Pero la ciudad interviene, el muro exuda
una sustancia blancuzca, metáfora de los poderosos fluídos corporales.
Enfrentando estos pliegues, tersos rostros femeninos juveniles y opalescentes (RAPT 13, RAPT 15) revendiquent leur place. Un rostro oriental (RAPT 13) intrigante emerge de las sombras, de la oscuridad, evocando un oriente lejano, poblado de inagotables misterios que retroalimentan a una Europa que cíclicamente se desgasta. Mira al espectador,
stickers, intencionales graffittis o pretendidas banalizaciones, profundizan
el misterio de los ojos que son el centro de ataque de la acción
ciudadana, las ventanas del alma son invervenidas, dibujadas, pegoteadas.
En RAPT 15, no por azar, vemos a una modélica y hermosa mujer europea
que "sangra" por sus ojos. Nuevamente es atacada la visión,
el mirar .... Europa llora lágrimas de sangre por el sueño robado de la utopía. La belleza ancestral es vulnerable, puede ser herida, enceguecida, amputada,
despojada de sus órganos vitales. Europa ve desde la bella perfección
un mundo de sangre y dolor.
Jesús-Dios es un hombre hecho de carne, sufrió tormento,
deseo, abandono, soledad. Su cuerpo es objeto de veneración en
nuesta cultura, a pesar de que todo cuerpo es a priori a/de/nunciado como
vergonzoso. El torso de Jesús y la herida lateral de donde fluye
la sangre que dará vida al hombre nuevo, que nos alimenta, es uno
de los íconos más removedores de toda la cultura occidental.
En RAPT 20 ese tórax, de profundas raíces helenísticas,
que provoca ambiguas vivencias, es la arquitectura muscular idealizada por Grecia, por Roma,
la "cuirasse esthétique", que toda la cristiandad, desde
el Renacimiento, se vanaglorió de presentar a sus fieles. La herida
de Cristo, ese tajo que movió 2000 años de cultura esta
aquí obturada por una señalización vial de "contramano"
: No pasar.
Como si se impidiera para siempre el paso a la sangre que nos renueva
y redime como seres humanos. Declaración dolorosa de una cultura
horadada en sus propias raíces : No precisamos más la sangre
de Cristo, la publicidad la sustituye con eficacia.
El sueño fue raptado.
Enrique
Badaró Nadal
Montevideo, setiembre 2005 |